jueves, 22 de agosto de 2013

Actitudes frente al riesgo

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Cada persona actúa de diferente manera ante la situación de riesgo, y la actitud que se adopte hace que se tomen unas u otras medidas de prevención, que se prevea de alguna manera específica como paliar los efectos de que el riesgo se materialice, y en definitiva según las actitudes adoptadas las consecuencias pueden ser diferentes:

? INDEFERENCIA. O no se percibe el riesgo o aún siendo conscientes de su existencia se piensa que nunca se va a llegar a materializar y por tanto se cree que no se llegará a producir ningún daño. Por tanto, no se adopta ninguna medida de precaución especial por si el riesgo finalmente se produce.
? AHORRO. La persona piensa que destinando una parte de sus ingresos a prever un daño futuro, podrá compensar los daños que se lleguen a producir. El problema de esta actitud radica en estimar el valor del posible daño, y el ahorro que será necesario ir generando para que pueda ser suficiente.
? PATRIMONIO. En este caso la persona es consciente del riesgo pero no actúa de ninguna forma concreta dado que piensa que con su patrimonio podría compensar un posible daño.
? SEGURO. En esta situación las personas formalizan contratos con alguna Aseguradora pagando una prima de seguro, para obtener la indemnización necesaria cuando se precise.

No cabe duda que son planteamientos, salvo el primero, que pueden llegar a ser correctos con distintas consecuencias:

1. De la indiferencia, lo más probable es que se produzca la ruina si el riesgo se produce y las consecuencias son de elevada importancia, dado que no habrá ningún mecanismo que atenúe los posibles daños.
2. Del ahorro, puede no alcanzarse la cuantía suficiente, dado que es complejo llegar a estimar el daño que puede derivarse sobre todo si el riesgo se produce en un corto período de tiempo.
3. Del patrimonio, aunque llegue a compensar el daño en su totalidad la persona se quedará sin patrimonio o sin gran parte de él, lo que significará desprenderse de algo le costará esfuerzo y tiempo volver a conseguir.
4. Del seguro, la mejor protección porque a cambio de un esfuerzo económico sencillo (la prima de seguro) obtenemos la indemnización que precisamos. De todas maneras, si no revisamos el seguro con el tiempo, aún estando bien formalizado al inicio es posible que los capitales estén desactualizados, que haya nuevas garantías no contempladas, que los límites y sublímites no sean los correctos, que existan franquicias elevadas, que los criterios de indemnización no sean exactamente los que entendíamos, etc.

Por ello, y aunque el seguro pueda ser lo más conveniente, es necesario asesorarse correctamente y no pensar que con cualquier precio se obtiene lo que se precisa ni que por pagar más se están consiguiendo coberturas innecesarias. Lo importante es analizarlo, entenderlo y, si además lo conseguimos de forma independiente, tendremos más certidumbre aunque luego hagamos el seguro con quien consideremos conveniente.

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